Capítulo 5: Incontinencia urinaria en la mujer

La incontinencia urinaria ha sido definida por la International Continence Society (ICS) como la pérdida involuntaria de orina a través de la uretra, objetivamente demostrable y constituye para la persona que lo sufre un problema social e higiénico (1).

 

La prevalencia de la incontinencia urinaria (IU) en mujeres entre los 15-64 años es del 10-25% (2). Elving (3) encontró en un grupo de 3100 mujeres elegidas al azar entre los 30-59 años que un 26% habían experimentado IU en algún momento de su vida. Diokno (4) en un estudio para MESA (The Medical, Epidemiologic, and Social Aspects of Aging) encontró una prevalencia en mujeres por encima de los 60 años del 38%. Dentro de este grupo existen mujeres que pierden la orina una vez por semana (33,4%) y otro grupo que pierde la orina en alguna ocasión entre los 360-365 días del año (16%).

 

La incontinencia urinaria afecta a mujeres de todas las edades y estatus social. Su prevalencia es particularmente importante a partir de los 65 años. En un reciente estudio epidemiológico (5) realizado en hombres y mujeres mayores de 65 años de edad, no institucionalizadas y registradas en el Padrón Municipal de Habitantes de la ciudad de Madrid, se ha demostrado una prevalencia global de incontinencia urinaria (IU) del 15.5% afectando más a las mujeres (16.1%) que a los hombres (14.5%). En este mismo estudio la prevalencia de IU por grupos de edad era entre los 65-74 años de 13.3%, entre los 75-84 años de 16.0% y a partir de los 84 años de 26.3%.

 

La incontinencia urinaria tiene una enorme repercusión económica. Recientemente en un estudio realizado por Lobo (6) se calcularon los costes de la IU en la población mayor de 65 años en España durante el año 1995 con un coste directo total de 110.000 millones de pesetas; en este estudio no se aplicaron los costes indirectos (derivados de la pérdida de la productividad debida a la mortalidad prematura) y los costes intangibles (pérdida de bienestar, dolor, la ansiedad, etc.), habituales en otros estudios de coste enfermedad.

 

La micción y la continencia son el resultado de la perfecta función y coordinación de la vejiga y la uretra. Ambas constituyen una unidad funcional cuya interacción no puede ser ignorada. Durante la fase de llenado, la vejiga se relaja, almacenando la orina a baja presión mientras que la uretra permanece cerrada, manteniendo una presión superior a la vesical, por lo que la presión de cierre uretral (presión uretral menos presión vesical) permite la continencia al impedir las fugas de orina. Durante el vaciado la vejiga se contrae, aumentando la presión intravesical, mientras que la uretra se abre por relajación  de los mecanismos esfinterianos, disminuyendo la presión para facilitar la salida de orina y el flujo miccional. Por  lo tanto, para que haya incontinencia, es condición indispensable que la presión intravesical sea superior a la uretral (7).

 

La continencia urinaria adecuada implica la correcta interrelación de varios mecanismos complejos. No solamente se necesita el funcionamiento normal del sistema nervioso central y una pared vesical normal, también se necesita de la integridad anatómica y funcional uretral y del cuello vesical. A nivel de la uretra, la continencia urinaria se produce cuando la presión en cualquier parte de la uretra es la misma o sobrepasa a la presión vesical.

UROLOGÍA EN ATENCIÓN PRIMARIA